La nebulosa de Orión se encuentra a unos 1.350 años luz de la Tierra y a una longitud de onda cercana al doble del tamaño de lo que puede detectar el ojo humano, por lo que el telescopio abre una ventana única a la región interestelar.

El telescopio Spitzer nunca pierde de vista a las estrellas que se forman en la nebulosa de Orion y muestra sus cambios lumínicos desde su nacimiento. Las estrellas más brillantes de esta región cósmica se aglutinan en el cúmulo del Trapecio de la nebulosa.
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